Ha partido Chichi. Una misionera se ha ido con Aquel a quien seguía. Cecilia Valenzuela estaba escrito en su cédula de identidad, pero para quienes la sabíamos nuestra amiga, era simplemente Chichi.
No participó en la Bendición de los hogares del año pasado ¡y no porque no quisiera!, sino porque su salud ya no la acompañaba como antes.
Chichi era la primera en ofrecerse si había que ir a recorrer las calles de nuestra parroquia para visitarlas en la misión de la Semana de la familia, para recaudar el 1%, para trabajar colaborando en los Bingos o algún otro menester que nuestra comunidad requiriera. Jamás falló, su buena voluntad era a toda prueba.
Y su mejor testimonio era su transparencia y su coherencia entre el decir y el hacer, fundamental en un misionero, porque se misiona primero que nada con el ejemplo.
Otro rasgo característico suyo era su sanidad de espíritu, su mirada de pureza; jamás suponía malas intenciones a nadie, no dudaba de nadie y perdonaba con una facilidad...
No tenía ni buscaba grandes conocimientos teológicos, pero, con una fe firme y fuerte amaba y seguía al Señor de la vida sin dudar.
Asistía a misa con regularidad y también con mucha entrega a la Adoración al Santísimo cada jueves. Precisamente este último jueves, Corpus Christi, estuvo presente, subió al Presbiterio, hizo oración en que pidió por todos los sufrientes, especialmente por las víctimas del terremoto, para que no sean olvidadas y se atienda a las necesidades que aún padecen. Luego, quemó incienso de olor agradable como ofrenda al Santísimo.
Ese día también se confesó y comulgó.
Chichi se fué en gracia de Dios. Fué llamada por Aquel que la condujo y la acompañó en esta vida. Fué pedida su alma por Aquel que nos ama más que nadie, más que nosotros mismos: el Hijo del hombre, el Rey amado, Nuestro Señor Jesucristo.
Sus tres hijos, sus nietos, sus familiares, sus amigos lloran su alejamiento. Y cómo no.
Pero, creo que ella nos pide que estemos alegres y que compartamos con ella la felicidad que ahora vive. La que nosotros deseamos también vivir. Aquella felicidad por la que estamos y luchamos en esta tierra.
Por eso, querida Chichi, nos vemos en el cielo.