Hoy, después de Semana Santa, y por lo tanto después de celebrar la Resurrección del Señor, que es lo que da Vida a la Misión, a la Iglesia y a la Humanidad, comenzamos la labor de este 2017.
Un día frío,con calles solas. Con ánimo y entusiasmo salimos a recorrer y llamar a las casas.
De viva voz, presionando timbres o con la ayuda de los perros que le avisan a sus amos que alguien está en la puerta, llamamos a 25 casas. Nos abrieron 6. De esas, 4 deberemos volver el próximo sábado y las otras dos nos aseguraron que eran mujeres católicas, pero, no querían a los sacerdotes y no asistían a Misa. Rezaban en sus casas. Y tampoco les interesaba la Bendición.
O sea, no entramos a ninguna.
Mi hermano Julio, con quien vamos, me rebatía cuando yo insistía en que "no hemos hecho nada".
En primer lugar, tenemos 5 visitas para el próximo sábado, las 4 casas y una señora que nos encontró en la calle y nos pidió que fuéramos porque necesitaba mucho la visita a su hogar.
En segundo lugar,está el testimonio: Salir con nuestras cruces al cuello llamando a los hogares para hablar de Jesucristo y Su Reino.
Y en tercer lugar, las conversaciones, aunque fueron cortas, con esas personas que nos dijeron NO.
De todas nos despedimos, después de conversar brevemente, deseándoles que Dios las bendijera. Si creemos que llevamos al Señor, que es Él quien envía y a Quien llevamos, esa corta conversación no habrá sido en vano. Nuestro Señor se las arregla para entrar por la más pequeña abertura que le dejemos. Y ellas nos escucharon. Algo habrá quedado dándoles vuelta, algo les incomodará, algo recordarán. Algo llamará a su pensamiento y a su conciencia.
Eso, aunque no hayamos entrado a ninguna casa ni bendecido ninguna familia, hace que las pequeñas nubes se disipen.
Una hermana-en ésto de las pequeñas nubes- me dijo hace unos días que ya no era necesaria la misión, porque el Arzobispado había llamado hace unos años (2014) y ya no había llamado más. Eso se había terminado. ¿Para qué salíamos?
Lo conversé con nuestro párroco, y su respuesta fue lo que mi corazón me dice cada vez que pienso en el tema:
"La obligación de la Iglesia es evangelizar, para eso existe. Esa fue la labor que nos dejó Nuestro Señor antes de subir al Cielo. Para eso fundó su Iglesia. Y la Misión es parte de la evangelización, porque no toda la gente viene a la parroquia. La Iglesia siempre debe estar en misión."
Y yo recordé esos maravillosos versículos de San Mateo:
"Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautízándolas en el nombre del Padre,y del Hijo y del Espíritu Santo. Y enséñenles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y he aquí que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo."

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